CRIA DEL TIMBRADO ESPAÑOL. TOMAS VALENZUELA, EMAIL: tomas.valenzuela@ymail.com
   
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  LA LEYENDA DEL HARZ
 
           LA LEYENDA DEL HARZ
Existían unos magos ----- ermitaños de las aromatizadas selvas--- que experimentaban una gran pesadumbre por la narcosis con que el progreso agobiaba el espíritu del hombre: éste se había alejado de la naturaleza y se aleja cada vez más agravando su mal; los buenos magos pensaron en ayudarle de alguna forma para devolverle la paz, la serenidad, el amor a la poesía de la vida tranquila y sosegada.
Estudiaron…, pensaron en lo intricado de sus selvas, en medio de los valles, en las riberas de los largos riachuelos, cerca de las rugientes cascadas en las gargantas rocosas.
El hombre –decían – se halla en trance de embrutecerse porque se ha alejado y se aleja cada vez más y más de la naturaleza, de lo que Dios le dio. De dia en día, se vuelve más esclavo del progreso, del vertiginoso avance de su propia obra; la técnica, que lo arrastra. Se aleja cada vez más, sujeto por el demonio del modernismo a todo aquello que, aparentemente, pueda aliviarlo de la agobiante fatiga que le envuelve, pero que le trae deseos siempre nuevos y placeres engañosos.
Corre, corre con su cuerpo y su espíritu cada vez más vertiginosamente hacia un nuevo paganismo, corre y sufre sin poder darse nunca por vencido.
Aquellos magos pensaron, buscaron… Gartner, Volkmann, Ertges, Trute, Seifert… en medio de los bosques de Turingia y del Harz, entre el silbido del viento, entre los pinares y los agetales, entre los rugidos del agua turbulenta de los torrentes, entre el agua turbulenta de los torrentes, entre el incesante tintinear de los apacibles rebaños.
¿Qué hacer?
Una criatura alada, procedente de las islas Canarias, había sido llevada entre ellos por los mercaderes; ellos, los magos ermitaños de los bosques vírgenes, la tomaron, tanto uno como otro, e hicieron lo posible por introducir en su corazón, ya tan grande y puro, en su voz ya tan agradable y dulce, el sublime y mágico espíritu del Harz; de esta forma este pajarillo se convirtió en la criatura que llevó a las viviendas de los hombres el canto de los valles y, los bosque. Ese espíritu tenía algo más que el Ruiseñor, ya que también canta durante la noche como éste, pero lo lleva en si mismo, justamente porque fue creado gracias a una inspiración sobrenatural, expresa y mágicamente, para el hombre. Este pájaro, a diferencia de sus semejantes, ama la penumbra verde más que la viva luz del día; por ello es por lo que la viva luz del día; por ello es por lo que se guarda, casi siempre, su pequeña y tranquila morada velada por un cortinaje verde: para embriagar con su lirica armonía y para llevar alivio al hombre, necesita un medio tal como aquel donde nació su canto excelso. Canturrea incluso durante la noche en casa de sus amigos, a la luz domestica y, a veces, en la profunda oscuridad, en la noche avanzada, sueña posiblemente con las soberbias, sublimes y mágicas bellezas del Harz, su patria de adopción , y patria de su canto, que reproduce con alta musicalidad el rulado turbulento, impetuoso o los mugidos del viento en los valles y por entre las ramas: vruruvíroviro… víruu; parece que se ven y se oyen los murmullos de las sílfides en los torbellinos de aire: rururocore rorororoerururu; al principio es un ruido débil, se le oye apenas, luego se acentúa en <<crescendo>>, revoloteando a continuación en un <<disminuyendo >> progresivo, para pasar enseguida a la resonancia sorda y profunda de un derrumbamiento de rocas en un barranco cavernoso y repercutiendo por entre los escarpados peñascales: Krrrr… Knorr…Knorr… Knorr… el gorgoteo del agua en la grava de los arroyos límpidos y centelleantes de espumas, que reflejan los multicolores rayos del sol, o los plateados de la nocturna luna, al filtrarse a través de los verdes y espesos follajes de sus riberas verdegueantes; grlrldrgrligldrbrr y verdegueantes: grlorldrgrligldrbrr y las alegres evoluciones de las náyades: blo-blo-blo-blo-blo. A continuación, el cloqueo de gallina madre a sus polluelos: Gluck- gluck, glock- glock, glock, kluch… La serenata del grillo enamorado; Rilirr… El repiqueteo de una pequeña iglesia aislada en los linderos de un bosque o los tintineos de apacibles rebaños: he – ho – ho – ho – ho – hu – hi; flotante, arrulladora… si, segura mente como un arrullador murmullo a un rabioso infante que no quiere conciliar su sueño.
De cuando en cuando, en la flauta de un bucólico pastor, como la llamada angustiada de un fauno a su hermosa y rebelde compañera y amigo: <<! Corre, corre, Dau, dau (amor) hoe… hoe ¡>>. A través del eco del valle, ella le responde: <<! A mí, hoe, hoe ¡>>.
Esta sublime criatura nació. El hombre, el que cree y aspira aún ardientemente a la posía del mundo y de la greación, ha recibido ese inquieto alado que los poéticos ermitaños del bosque le han hecho como regalo, lo ha llevado a su morada para aligerar su ansiedad en los escasos momentos de descanso de su atormentada existencia y para relajarse escuchando la música del canto dulce y agradable: gracias a esas sublimes notas que expresan la pureza de la naturaleza, el corazón del hombre es mágicamente transportado a un oasis de dulzura y de paz y su alma atormentada y transida vuelve a tiempos lejanos, al Paraíso perdido…
RICCARDO MADDALENA (Italia) 
                                                 
 





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